UNA INMERSIÓN HAITIANA

Publicado el 31 de agosto de 2010 | No hay comentarios.

    A principios de año, todos recibimos profundamente consternados la triste noticia del terremoto que asoló este ya terremoteado país del Caribe. Desde ese día escuchamos las tristes estadísticas de este estruendo de la tierra… no podía caber en nosotros el imaginarnos que un país ya tremendamente golpeado por tantos acontecimientos sociales y humanitarios, esta vez lo era por un acontecimientos natural. Innumerables las pérdidas, el dramatismo y la desolación presente…  a muchos se nos apretó el corazón y sentimos la urgencia de hacernos presente de alguna manera.
Gracias a nuestra comunidad internacional, en julio pude concretar este deseo de partir a tierras haitianas.

    La mañana del 3 de julio partí rumbo a Haití, llegue desde su país vecino, Republica Dominicana. Ya cruzar la frontera fue un fuerte cambio, la vegetación casi exuberante de República Dominicana, iba menguando en tierras Haitianas. Al estar cerca de Puerto Príncipe, ya se podía ver la magnitud de lo vivido, innumerables carpas en todos los terrenos posibles, iban dando cuenta de lo vivido, campamentos que acogen a esas miles de familias que desde el 12 de enero se encuentran viviendo en esas terribles condiciones.

    Pase 5 días en Puerto Príncipe, pude recorrer algo de la ciudad y en la medida que lo iba haciendo mi pena y congoja aumentaba, realmente dramática la situación en que están viviendo miles de miles de personas. El estado de la ciudad me llevaba a pensar que el terremoto había sido recientemente, pues  donde uno miraba había escombros; los edificios caídos sin remover, sin duda con muchos cuerpos entre medio, son más de 1.300.000 refugiados que se encuentran viviendo en carpas.
 
    Todo esto genera mucho comercio informal, que me imagino que no es nuevo para ellos, pero quizá ahora se convierte en la única alternativa para poder contar con algún ingreso. Muchas mujeres, se ponen cada día desde muy temprano en las calles, con sus grandes cacerolas donde cocinan lo que será el almuerzo de cientos, por 100 gourdas (US$ 2.5, mas o menos) pueden comer un buen plato de arroz con porotos acompañando por algún trozo de carne.

    Hay mucho por hacer, y sin duda son ellos los que deben ser los primeros protagonistas para salir delante de su situación, pero sabemos que a veces cuesta salir de situaciones tan carentes, por ello la ayuda externa, no solo en lo material, sino que en lo humano, se hace tan necesaria. Tuve la oportunidad de encontrarme y escuchar a varios que están en ello, no solo desde el terremoto sino desde hace años…, partiendo por mis hermanas rscj, también otros muchos religiosos y religiosas, voluntarios de distintas organizaciones, entre ellos los voluntarios de “Un Techo para mi País”, que con sencillez y valentía están entregando lo mejor de sí para ayudar a reconstruir un  país. 

    A los cinco días de haber llegado a Haití partimos con Josefa, una de las rscj que forma parte de la comunidad, a Verrettes,  un pueblo a unos 140 km al oeste de Puerto Príncipe, donde gracias  a Dios, el terremoto no afectó. Lugar también, donde se inició nuestra presencia en este país hace 10 años. Desde que llegaron las hermanas, su misión ha estado vinculada a la promoción y educación, haciéndolo a través de distintos proyectos.

    A los dos días de llegar a Verrettes, preparamos bolsos porque nos iríamos al monte, a un pequeño villorrio llamado Damnye, donde se realizó uno de los Campamentos de verano del proyecto “Timou tet ansanm” (en creole, “niños unidos”), el otro sería en Verrettes. Proyecto iniciado por las hermanas, en el que trabajan desde que llegaron al país, que busca dar una formación valórica y pedagógica a los niños, muchos de ellos no van a la escuela (ya sea porque no hay o no cuentan con los recursos para pagarla, en Haití no existe la educación gratuita, toda es pagado).

    Fue una experiencia preciosa, dos semanas de campamento, dos semanas llenas de vida, donde 100 niños vivieron sus vacaciones, jugaron, bailaron, tan propio de ellos, participaron en 10 talleres educativos y recibieron una abundante comida (objetivo no menor en un país donde la desnutrición es altísima).

    Aunque el idioma oficial es francés y creole, en la práctica el primero es muy poco manejado, al menos con quienes me tocó compartir. Esto me fue invitación a usar otros medios de comunicación, me encontré con el lenguaje universal: de las sonrisas y los gestos. Durante las dos semanas participé como pude en alguno de los talleres, lavé muchísimos platos bajo un quemante sol, compartí con los niños y monitores. Busqué y aproveché  todas las ocasiones posibles para establecer contacto con la gente, es así como cada mañana del campamento, me asomaba a la cocina, donde hacía ya un buen rato que se encontraban preparando nuestro desayuno y almuerzo.

Gocé de la naturaleza; del encuentro gratuito; de la alegría de los niños cuando jugaban fútbol a pata pelada, en un suelo disparejo, lleno de piedras, y además con una pelota media desinflada.
Gocé al verlos bailar al son del tam-tam (tambores), moviendo sus cuerpos con la destreza propia del Caribe y sus raíces africanas…
Gocé cuando caía la lluvia a torrentes y eso nos aliviaba del calor, y nos solucionaba el problema de agua para lavar, cocinar, bañarnos.
Gocé con el encuentro matutino con el Señor, reconociendo su presencia en lo sencillo, e invitándome a aprender más aun de esa simpleza.

    Terminé con el corazón muy agradecido y emocionado todo lo vivido. Una de las cosas que me conmovió profundamente fue ser testigo de la capacidad de la gente de sobreponerse a la adversidad. Compartí con un pequeño grupo, pero me sorprendió su expresividad, su alegría y entusiasmo, disfruté viéndolos preparar, tratando de dar lo mejor de sí para los niños.

                    Despuésdeestassemanas,Haitíestierra hermana y forma parte de mi historia… GRACIAS SEÑOR!!!

                                  Quena Valdés O. rscj
  comentar

Comentarios

Diseño Web - Posicionamiento Web - Sistema Web